La moto, de Leo Maslíah
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Esta entrada se enrutará en la categoría «música» pero, a riesgo de que se multipliquen peligrosamente, también podría aparecer en «precariedad» o «autoconmiseración». Porque siempre he querido tener una moto. O siempre quise: lo sigo queriendo? Tracemos la línea del tiempo: descubrí esta canción de Leo Maslíah de 1981 en la versión de Single, lo que nos pone en 2014 y en una edad muy cercana a la que el Dante establece como aquella en la que se empieza a estar de vuelta de todo. Sin embargo, y ya que son tan pocas las cosas que me ilusionan, cuando algo lo hace no me dejo desengañar tan fácilmente.
Tampoco toqué nunca la guitarra (sí tuve un bajo pero se perdió), aunque ello no sea necesario para i) ligar bastante ni para ii) reconocer el desafío que entraña el limbo modal de esos acordes

y a la vez la artesanía y la sabiduría en la melodía tontorona que los corona, correlato de la tensión del personaje, que lo mismo merece que le demos dos bofetones por pringadete aspiracionista o que, considerando en frío e imparcialmente la humanidad de su testimonio, lo que le demos sea un abrazo fraternal, intergeneracional y transatlántico. Porque en un caso como este, y en todo caso, el único que podría juzgar es Dios, pero (spoiler) está ausente en la canción. Como acaso lo está de nuestro deambular por el mundo, se aña-diría.

Los comentarios salen de esta versión en directo, relativamente reciente (2017), en la que se lucen hasta tres guitarras y una corista prodigiosa cuya voz (Beatrice, Esfera, Providencia) te coge de la mano y te dice: nada es lo que parece, seguime al tono de al lado que desde allí todo se ve diferente. Puede que sea prima de la presencia que dice Don’t be distracted a Sufjan Stevens, o estudiaran juntas el bachillerato. Volviendo a lo de antes, la universalidad y la trascendencia de la anécdota se demuestran con esta conversación, que actualizaré si se produjesen respuestas.

El gusto de Single para las versiones es exquisito. No diré mucho más (para no condicionarte si tienes ganas de descubrirlos y para no gastarlos, por si vuelven) salvo que en su moto ganan un estribillo de manera muy inteligente al mover un par de estrofas. Producirán Hidrogenesse?
No quiero terminar i) sin señalar dos detalles lingüísticos. Uno, que Leo es uruguayo pero no sheísta, mientras el chico que hace la versión de arriba sí. Se ve en como pronuncian respectivamente «lleca» y otras palabras. La segunda, esta condicional en subjuntivo (o no) tan marciana para mi variedad: «Mientras no me echaran antes del trabajo, la hubiera pagado». Y ii) prometiéndome a mí mismo indagar en su discografía para seguir sorprendiéndome. Y iii) celebrar que esta entrada haya evitado hurgar en algunas heridas abiertas que, precisamente, se remontan a 2014 y me visitan regularmente, como los cometas. Porque las adiposidades del yo no tienen lugar en Los entusiasmos reunidos.
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