Había un recorte de prensa de los años 50 o 60 que decía: «Haga un cojín ahora que tiene tiempo». A ver si lo encuentro. Hoy tuve tiempo, y tengo telas que me traje de México, no recuerdo si de Modatelas o de La Parisina, que es donde se surten las chicas de la moda; pero lo que no tenía eran ganas. Ni sé coser. Lo que sí he hecho ha sido la crema de coliflor y peras (y un poco de queso onda brie) que me da últimamente tantas alegrías. Unos cuatro litros de alegría en la olla exprés que me acompaña, infatigable, desde los Madriles. Luego congelo y voy sacando y así hasta la siguiente. Alterno con la de puerros y la de boniato. Ayer me compré un brécol. Quizá sea vegetariano? Acaso lo sea, pero de los tradicionales: porque me pones algo de seitán o de tofu delante y te lo tiro a la cara.

De la receta que te pegué le he sacado la cebolla, porque me he olvidado y porque le llega a dar un punto un poco pesado. Imagino que esta versión con puerro y crujiente de jamón (pero con ajo?) saldrá más ligera. Ten cuidado, eso sí, no se te queme la coliflor al rehogarla, que también le da un sabor más acre y un color menos ala de cisne unánime. Otro puntazo es que la casa no acaba oliendo demasiado. Ah, tampoco le pongo caldo (y menos de pollo!) porque aquí es difícil encontrar envasado, y en polvo suele estar muy salado, no merece la pena. Cortar la coliflor en arbolitos bonitos como dicen todas las recetas es un poco tontería si luego los vas a pasar por la batidora, pero puedes hacerlo y dejar que sus formas caprichosas te fascinen por un rato.

Hay más recetas interesantes en este hilo y, por supuesto, en el blog de Su Juánida, que te lo dejo abierto por una receta que, aunque debió de inspirar la versión que yo hago, ahora se parecen como un huevo a una castaña. Como se rompan los enlaces, soy hombre muerto. De hambre.