Leer los viejos artefactos es hacer arqueología de uno mismo, sí, pero también de los demás. Encontrar un link olvidado dispara el entusiasmo y la curiosidad por saber qué habrá deparado la fortuna al proyecto al que remite. En el caso de prensa e instituciones, lasciate ogni speranza: por lo general, cuando se actualiza la arquitectura de un sitio no se redireccionan los contenidos, que pueden languidecer, inaccesibles, en el Mitlán, o peor aún, haber sido desaparecidos inclementemente. Cabe aún describir el estado zombie, la vida suspendida: blogs abandonados por desidia (al borde del mar) o, peor aún, por haber sucumbido a las promesas de comodidad y difusión de plataformas como Facebook o Instagram. Cantos de sirenas digitales que, unidas al sesgo en los motores de búsqueda, nos trajeron a este estado deplorable de las cosas en la red.

Me sobran los ejemplos pero, si te gustó lo de Gaffurio y las musas, te gustará el sitio de Pepe Rey, Veterodoxia. No confundir a su autor con

ni con José I Bonaparte: nuestro Pepe Rey es musicólogo y especialista en emblemática, intérprete de música preclásica, asesor y locutor en Radio2 y profesor en la Complutense. Qué de cosas! Además, tío de un compañero mío del bachillerato. Su blog parece haber sido gestionado por una empresa de mantenimiento hasta febrero de 2020, cuando se interrumpe con la transcripción de una charla sobre Los seis libros del Delphin de música en la Biblioteca Nacional de España. Hay actividad y menciones en red hasta por lo menos 2024.

El blog, en coherencia con los emblemas y los enigmas, a veces es intrincado. Otras más directo, incluso guasón, como cuando refiere procesos burocráticos institucionales o la organización de eventos y congresos. Uno de estos comentarios es precisamente lo que había lincado en el otro artefacto, pero ahora no hay manera de recuperarlo. El sitio no tiene buscador (y Los entusiasmos tampoco: tenemos que arreglar eso urgentemente!) ni navegación cronológica: hay unos enlaces temáticos donde se complilan los contenidos que no sé yo si… Pero espera, parad el cronómetro! Al poco de navegar, he encontrado lo que estaba buscando. Se trata de El misterio de las apariciones en la Complutense, sobre mala praxis investigadora y peor colegialidad. Era 2009: dejémoslo ahí…

… y disfrutemos de los otros contenidos. Dan cuenta del mimo con que se escogían los contenidos estos dos grabados de obras de Erasmo (o eso entiendo por sus textos alternativos) que invitan a comentar en su blog, ya sean exabruptos o piropos. Igual lo haga.

Grabado de Erasmo en el que una figura masculina que mira a la derecha emite por la boca elementos agresivos Grabado de Erasmo en el que una figura masculina que mira a la izquierda emite por la boca elementos dulces

La ausencia de buscador, insisto, nos priva de saber si Veterodoxia se ocupó in extenso de Gaffurius, de Kirchner o de Capella, salvo que miremos en cada cajón, detrás de cada muebles y bajo las alfombras. Harto raro sería que no. El caso es que, hurgando, me he encontrado esta moneda de cinco duros! Bueno, casi: es una entrada fechada en 2010 que alude a 2005, al tiempo de las conmemoraciones culturales, cuando los buitres olían la pastiqui y venían volando al ministerio de turno con un dossier bajo el brazo. Pepe Rey lo denuncia de forma parecida:

Durante los últimos lustros, sobre todo desde el famoso “Quinto Cementerio”, se han montado enormes tinglados en torno al Tratado de Tordesillas, Felipe II, Carlos V, Isabel la Católica, etc. y los que se vislumbran en el futuro inmediato. Pero para desgracia de los ciudadanos los músicos “históricos” en general no han correspondido con su buen hacer a los medios que se han puesto a su disposición. En el tinglado de la antigua farsa se ha desatado la guerra de la caza de subvenciones, conscientes de que quienes reparten el pastel son completamente ignorantes e incultos en estas (y otras) materias, que siempre preferirán los proyectos con más ruido a los proyectos con más nueces y que, tal como está el negocio, sin subvenciones no se puede hacer nada.

No sé si la cultura se seguirá moviendo a golpe de efeméride. Pero, si me permitís otra cita de la misma entrada, quiero dejar anotado un despropósito que, cual aire de habanera, trae ecos de otras naturalizaciones igualmente rocambolescas.

El origen del infundio está en lo que el propio Rico llamaría “la más rancia musicología”; tan rancia, que nadie sensato se acerca a ella sin proveerse previamente de guantes de goma e, incluso, una pinza en la nariz, porque huele desde el título “y no a ámbar”: la Historia de la Música española desde la venida de los fenicios hasta el año de 1850 (1851), de Mariano Soriano Fuertes, una obra en cuatro volúmenes, a cuál más increíble, literalmente, como cuando afirma que Fernando de Laso (¡sic!) y Claudio Monteverde (¡oh, no!) eran españoles, éste último, más en concreto, de Cartagena. Mandagüevos, añado.

Y añado yo: Colón era una mujer: no solo lo pienso sino que lo creo.. Pero ¡ah, inconstancia de la naturaleza humana! Pasó una mosca, y qué mosca! La curiosidad y el riesgo son difíciles de satisfacer, y las personas siempre estamos ávidas por acometer nuevas empresas, cada vez más exigentes y arriesgadas. Desde Veterodoxia, esta isla digital y amenazada, se vislumbra (no enlazo todavía) el muy pionero sitio de Juan Antonio Millán, que se acredita como actualizado por última vez en 2015 y promete la más pura dopamina. Pliego el catalejo: me acompañas?