Del Rastro (i): Arrano Beltza
Sigue esta serie de entusiasmos madrileños que reconstruyo ya de vuelta en casa, orillas del Havel: y empieza una miniserie de las cosas maravillosas que encontré en el Rastro.

Porque llegué a Madrid en domingo en el primer vuelo del día (habiendo salido de casa a las tres y media de la mañana…) y antes de las doce ya estaba entrando por Cascorro. Un poco desganado, pero me conozco y sé que sintonizo rápido con el ambiente, la gente, los trastos y la memoria. La gente estaba de un guapo subido. Eso sí, evito la Ribera de Curtidores y cojo las calles paralelas, las de los «anticuarios», así con comillas, que es donde puedo encontrar cosas que me interesen. Para la mercancía destartalada de los mercadillos, en alemán está la palabra Trödel, que no se me ocurre bien como traducir, pero ya me entiendes.
Ropa y libros no me permito comprar salvo que sean cosas muy específicas y particulares. Me apetecía más encontrar algo decorativo, densamente tradicional o que aportase todavía aún más información a la casa. O que pudiera ser intervenido a modo de proyecto artístico. Soy así de ingenuo.
Y en una de esas, desde un montón sin cubeta ni nada, me miró con todo el descaro del mundo un vinilo de La Bionda de 1978. Le pregunto al chico de la tienda que a cuánto están y me dice que a tres: quizá demasiado para discos descuidados a la interperie que no va a querer nunca nadie pero vaya, un par de ellos bien podrían caer. Entre zarzuelas, folklore regional y canción melódica aparece uno de Mocedades en euskera, varios de María Jiménez (elijo uno al tuntún sin conocer las canciones) y… el Arrano Beltza de Agustín González Acilu en la versión clásica de la Coral de Cámara de Pamplona. Vale que fue un disco bastante popular en su momento, pero se me cortó el hipo. El chico de la tienda se debió dar cuenta porque esas cosas se notan, y más si eres un profesional.

Arrano beltza es, en euskera, ‘águila negra’. Es un blasón histórico del reyno de Navarra que se usó en los ámbitos abertzales, rescatado para la cultura popular gracias al poema de Hartzabal que pusieron en música tanto Acilu como, con mucha más difusión, Mikel Laboa. Una versión que también escuché mucho de pequeñajo: así he salido. Entre otros materiales, el poema cita el Cantar de Bereterretxe, que daría para otro entusiasmo.
La versión de González Acilu es para coro moderno: quien hizo la crítica para El País en su estreno de 1977 sugería que fuese un coro más grande.
El compositor se ha basado con un poema […] duro, directo, de áspera expresividad que resume, en acerdada crónica, las fechas claves de la historia de Navarra, los hitos negros de su perdida independencia. […] Fue una gran idea que Hartzabal y Acilu salieran a explicar más ampliamente sus propósitos, el primero en valiente y decidida intervención, y que, a continuación, se repitiese íntegra la obra, lo que, dada su complejidad, favoreció su mejor entendimiento.
La partitura de la cara B, Libro de los proverbios (cap. VIII) la estudiamos en su momento (mediados de los noventa) con una alumna del compositor. Ojalá aparezca en las cajas de las mudanzas porque es muy vistosa y muy radical pero, a la vez, asequible para un coro no profesional, como era el caso. Esta es la misma versión pero con otra portada: escuchen y juzguen ustedes. Parece que ese soporte trae una tercera obra, que imagino también soportable pero que no conozco.
Voy a emitir un VEREDICTO de esos completamente temerarios y acaso injustos que suelto a veces sin nadie me lo ha pedido y que no pasan de ser una mera opinión. Se me hace que a las partes declamadas se les podría sacar mucho más jugo expresivo pero claro, los solistas no son actores sino músicos aficionados. A saber cómo suena actualmente, porque me consta que la pieza se ha seguido programando, y los estándares interpretativos de la música coral han cambiado mucho en cincuenta años.
Agustín González Acilu murió en 2023. Ese obituario recuerda otra de sus composiciones corales más notables, el Himne an Lesbierinnen (sí, Himno a las lesbianas), que no llega a los cinco minutos, sobre un texto de Gerhard Rühm.
Como éramos pocos, me atreví a preguntar el porqué del título y su relación con el contenido abstracto. Respuesta: la pieza está basada en fonemas fricativos. Ese era Acilu, culto y curioso, aunque algo chocarrón. Y la explicación nunca la he olvidado.
En su momento creo que me lo llegué a bajar de Napster/Soulseek: no salen ahora mismo versiones en internet (raro que no haya nada en el canal de la Juan March) pero sí puede encontrarse una grabación de RNE con otras piezas vocales contemporáneas en tiendas online de segunda mano. Me animo?
Ahora solo quedaría montar el tocadiscos y ver si el disco se deja escuchar o está muy machacado: lo mismo el de La Bionda, el de Mocedades y el de María Jiménez. Al final me dejaron los cuatro por diez euros: todos contentos. En otro puesto estaba hurgando agachado otro chico y, aunque satisfecho con mis tesoros, aproveché para mirar cómodamente desde arriba mientras él pasaba los discos: encontró el maxi de Semilla Negra de Radio Futura y, con sana envidia, le dí la enhorabuena.
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