Berlín es un land, o sea, como una comunidad autónoma o un estado, dentro del cual hay diferentes unidades administrativas que equivalen a los ayuntamientos o delegaciones. Y a pesar de que ahora mismo en Berlín tengamos un alcalde presidente de la CDU (o sea, muy a su pesar! y al de los propios berlineses!), algunos distritos siguen teniendo alcaldes más progresistas o directamente woke. Así, muchas calles cambian de nombre, aprovechando duplicados o nombres relacionados con guerras o la historia colonial, para honrar a mujeres, personas racializadas, integrantes del colectivo HTBQ+… o todo a la vez.

El caso más sonado fue el de la nueva Anton-Wilhelm-Amo-Straße, así de largo y con guioncitos, que es la antigua Mohrenstraße. De acuerdo a tradiciones acaso (interesadamente) inexactas, el nombre aludía a un grupo de jóvenes negros que Friedrich Wilhem I. recibió como regalo, a los que formó como músicos militares. La calle se llamaría así, por tanto, desde principios del s. XVIII. Cabe subrayar que el término Mohren se percibe como muy degradante. El nuevo nombre, por su parte, celebra al primer académico negro en Alemania. Tras un encendidísimo debate impulsado por un tipo que firma Dr. Dr. Dr. y tiene un von en el apellido (si, estoy prejuzgando) y alimentado por los medios conservadores, que son prácticamente todos y controlan la agenda pública por su presencia machacona en pantallas y demás, el cambio de nombre se intentó paralizar judicialmente hasta incluso la noche de antes, sin éxito. Al argumento de que Anton Wilhelm Amo no tenía vinculación directa con Berlín se puede responder que tampoco Sandino, Bolívar, Miguel Ángel o los Nibelungos. Mientras, en el Afrikanisches Viertel deL Wedding, los nombres de esclavistas y gente de oscura memoria han sido sustituidos por los de gobernantes locales, activistas y eventos colectivos, por suerte con bastante menos resistencia.

Ya hace unos años se quitó de una calle el nombre del ministro de la Guerra Karl von Einem (1853-1934) para dárselo al fascinante teórico pre-queer Karl Heinrich Ulrichs (1825-1895). La calle corre parte por Schöneberg y parte por Mitte: la vecina de Mitte Sabine S. se quejó, ya que prefería el nombre de una mujer, pero los tribunales desestimaron su recurso.

Los tres ejemplos más que se me ocurren son de Kreuzberg. La Heinrichplatz ahora es Rio-Reiser-Platz, por el cantautor punk; parte de la Manteuffelstraße (que está muy repetida) se adjudicó salomónicamente a Audre Lorde, que hace check en muchas casillas y además residió en Berlín varias temporadas. Finalmente, el otro día (me dejé las llaves en casa y estuve dando vueltas hasta que alguien me pudo dar la copia de emergencia) descubrí que la inofensiva Kohlfurter Straße ha sido rebautizada como Regina-Jonas-Straße, celebrando así a la primera rabina del mundo, que es la señora que puedes ver en la foto anterior. No parece muy contenta por la calle que le han dado: yo tampoco lo estaría.

Así se muestran los cambios en los nombres de las calles por un tiempo, hasta que se quita el antiguo definitivamente. En Anton-Wilhem-Straße no sé cómo harán con la estación de metro: el cambio ya se anunca en la cartelería, en la megafonía y en la señalética, pero los mármoles aún tienen el nombre feo.

Sé que no me ha quedado una entrada muy chispeante, pero la escribo por envidia. Mi distrito está muy parado; incluso mi calle, que es nueva, lleva el nombre de una ciudad de Israel con la que estamos hermanados, que tiene el puerto donde llevaron y torturaron a los activistas de la Flotilla de la Libertad. Debe ser una lata que cambien el nombre de la calle donde vives, pero también en este caso estaría motivadísimo.