Gustav Wunderwald
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La urgencia de mi anonimato es tanta que solo llevo cuatro días de blog y ya sabrás, probablemente, dónde vivo y a qué me dedico. Por supuesto, ese «solo» va sin tilde, como todos. El caso es que de cuando en cuando me salta este tuit de The Public Domain Rewiev sobre la obra de Gustav Wunderwald (si fuera Wunderwand podríamos cantarle eso de but after all you’re my…). En el enlace hablan de su obra mejor de lo que yo podría hacerlo.

En Bluesky lo comenté muy rápidamente, aludiendo al trayecto del tranvía 55 y blablablá: evidentemente me afearon la miopía y me tuve que documentar un poco más (la visita al oculista la llevo desde entonces postergando). Pero tuve suerte: tanto el tranvía 54 representado como el 55 compartían recorrido y pasaban por aquí cerca, siendo el 55 el último que circuló por Berlín Oeste. Este texto del Tagesspiegel lo recuerda, y este texto de un apasionado de los transportes da información muy puntual y pormenorizada. Qué te juegas Maripili a que el link del Tagesspiegel se rompe antes. He encontrado hasta un vídeo sobre la celebración de los 50 años del desmantelamiento del 55. Los apasionados de las cosas son, o somos, el pasado, el presente y, cuando casi todo colapse, el futuro.
Volviendo al lienzo de Wunderwald, quedaría perfecto en la pared de enfrente de donde escribo esto, encima del sofá, junto a las ventanas, que son enormes y miran al Havel y detrás a Haselhorst. El arte como continuación del paisaje. Ganaría una ventana: pero una ventana a la historia! Por ahora lo que hay sobre el sofá es una lámina de IKEA de 100x140 con una imagen de Londres en blanco y negro. Tan asquerosamente anónima que su anterior propietaria la regaló sin miramientos. Pero ay, si consigo imprimirme bien el Wunderwald y montarlo encima! De hecho el del tranvía sería el único acento amarillo de la casa, construyendo aún más relato. El juego de formas y volúmenes y colores de esta casa de esta casa daría para mucha reflexión…

… pero por ir acabando con Wunderwald: Su mirada comparte algo de la textura histórica y social de los paseos por Berlín de los flanistas (recuerda en particular el capitulito de Franz Hessel sobre la imprenta, y o el de las diversiones proletarias, tabernas y espectáculos en EL Wedding, no recuerdo bien, tengo que volver a leerlo), o de Eric y los detectives de Kästner, o del mercado de flores en Hallesches Tor donde vive la Hannelore de la canción de Claire Waldoff. Por cierto, el bueno de Raoul Hausmann está de exposición estos meses en la Berlinische Galerie, que no se me pase, ya te contaré. Los lectores de mi otro blog, ese conjunto vacío, recordarán que tengo una foto frente a un collage de Hausmann. Que también estará en Facebook. Como no tengo estómago para bajar a hurgar a ninguno de los dos sitios, os pego una de la inauguración que es muy parecida, aunque salen personas con pelo.

Prometo también hacer trabajo de campo y buscar el lugar exacto que representa la imagen. Por el puente del ferrocarril yo diría que, si la ruta del tranvía 54 es la que hace ahora el M45, solo puede tratarse de este punto cerca de Ruhleben:

Aunque si, como parece, en tiempos de Wunderwald el 54 iba por Gartenfeld, Jungfernheide y llegaba hasta la Nordkapstraße en Prenzlauer Berg, ¡la cosa se complica!
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