Canna indica, o achira
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No quiero críos ni gatos, así que me animé a cuidar plantas, y me pasé a recoger dos Ableger de Canna indica, o achira, que regalaban en Frohnau. Pongo Ableger en vez de esqueje porque dices esqueje y piensas en algo no sé, no más grande que un palmo, y cuando llegué a la casa de payo, me salió con dos varas de casi un metro. Y que si me llevaba las dos, encantado. Y que le diera sol a tope. Bastante simpático. Así que, tres autobuses después, aterrizaron en Spandau mientras me las pudiera traer a esta casa. Efectivamente agradecieron el sol, y de todos los hijuelos que brotaron saqué un total de nueve plantas. En la foto, cuatro de las que se vinieron aquí, toda vez que traté de instruirlas en la perpendicularidad. Spoiler: no funcionó.

Sé que se ven hermosas, pero otro problema que tuvieron aquí fue la araña roja (que ni es araña ni es roja). Como todos los muebles que tengo son viejos, o vienen de sótanos y tal, a saber lo que traen. Me ataqué muchísimo y me procuré informar de cómo atajar la plaga antes de que cayeran todas. En el Holländer, que es el vivero más popular de por aquí, una chica muy bruta (pero a la postre muy sabia) me dijo que nada de jabón potásico ni aceite de Neem, que las cortase a ras y que ya volverían a crecer. Sí que les limpié las hojas y les pasé un frufrú de Neem, pero las más castigadas las acabé sacrificando. No importa, porque aunque estamos en pleno enero, las cebollitas van a lo suyo y echan hijuelos cuando les apetece. Ves uno que está a punto de salir en la foto de abajo? Señal de que los riegos no van mal y de que no las agobia demasiado ni la luz, ahora más escasa, ni el calor de la calefacción, que sube del suelo. No quiero pensar qué va a ser esto en primavera. Una de las que dejé en Spandau incluso amagó florecer, por lo que sabemos que al menos una de las madres era roja, no como la araña. Acabaremos cantando la Internacional.

Ya ves que mis cannas tienen algunas compañeritas: un aloe que conseguí los mismos días, un cactus que me dieron en pago a los libros viejos de aprender alemán (es tímido y no quiso salir en la foto) y, finalmente, una poinsetia en oferta que me miró con pena desde una estantería del Bauhaus, la tienda de bricolage. Me dan rabia estas plantas que cultivan industrialmente, dopadas de hormonas y en condiciones infrahumanas, pero era Navidad y tenía el corazón blandito. Espero mantenerla bien: en la foto la ves bebiendo de un plato, a su ritmo. Me gustan los vídeos de este chico de Vigo que habla de los cuidados de las plantas con sentido común y honestidad. Además Vigo se me hace que tenga un clima parecido al de aquí. Recomienda más plantas de interior de cuidados descuidados pero, aunque me encantaría, tampoco puedo volverme loco porque no tengo mucho espacio. Lo que sí que quiero pillar es un frufrú automático (él lo tiene recargable, yo lo he encontrado a pilas pero a punto de discontinuarse) para humedecer bien las hojas de la achira, quizá con un poco de jabón potásico disuelto (que tendré que comprar en Madrid ahora que voy porque por aquí no hay manera de encontrarlo). Entre eso, y no regarlas demasiado, y no moverlas demasiado, y no estresarlas demasiado… espero que me den muchas alegrías y que me instruyan, ellas a mí, en la parsimonia.
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